Texto Abraham Ávila
Fotos Ana Paola Balcazar y Abraham Ávila

El Tejido Otomi es considerado un arte y una de las actividades claves para entender a los pueblos originarios del México profundo. Esta es una actividad que refleja identidad e información donde se preservan los conocimientos ancestrales de la etnia, su visión del mundo, la relación del hombre y la mujer con lo sagrado, o actividades cotidianas, como el de labrar la madre tierra, o contemplar y escuchar a la naturaleza para aprender de ella.

Anastasia es una mujer de aproximadamente unos 68 años de edad. Su lengua materna es el otomí de su región, el ñajñu. Habla muy poco español no por gusto pero por necesidad. Ya que le permite comerciar sus frutas, flores, pulque y fajas que elabora con sus propias manos e hilos que extrae de la lana de sus borregos.

Anastasia nació en el interior una casa de adobe con la ayuda de una partera. ahí es donde ha permanecido toda su vida. En los altos de Temoaya Estado de México, en la comunidad de Tlaltenanguito vive cuidando de sus animales y sus magueyes, sembrando y tejiendo. Ella es una de las dos tejedoras que quedan en Tlaltenanguito, es la única tlachiquera que conserva el legado de saber tratar un maguey y raspar pulque en su pueblo.

Todas las tardes al ocaso del sol Anastasia se sienta a hilar y tejer sus fajas, no le arremete la fatiga ni la soledad, luce una mirada pura y cansada. De un árbol de tejocote sujeta su telar de cintura que a elaborado perfectamente con distintas maderas. con el paso de los años éstos palos de madera han tomado un color brillante pulidos con por el constante trabajo de sus manos. No recuerda precisamente cómo aprendió esta técnica de tejer, apenada y con dificultad explica que le enseñó su abuela. De su telar brotan y fajas, servilletas, ayates, hilos y faldas o chincuete elementos del atuendo tradicional de la mujer otomí.

Las fajas que elabora Anastasia son prendas importantes para la vestimenta cotidiana de la mujeres ñajñu, pues ésta faja tiene una función de herramienta para el desempeño de sus labores. Trabaja como soporte ortopédico el cual ciñe la cintura evitando lastimarse en las labores pesadas que hay en el campo cuando carga leña o maíz., o bien, en la casa.

En idioma ñajñu a éstas fajas se les llama bäti, contienen diseños de elementos complejos como la explicación de los puntos cardinales o elementos cósmicos, algunos otros son sencillos adornos de flores, aves y grecas. Anastasia elabora las fajas con hilos hechos de lana extraída de sus borregos o deeti como ella les llama, a estos hilos los colorea de forma orgánica con pigmentos de plantas, insectos y frutos.

Es difícil dar una explicación concreta del contenido de las fajas ya que la cultura ñajñu, como muchas otras del México antiguo, han padecido una brutal y cosntante devastación de su historia. El exterminio de sus simbolismos y expresiones culturales en sus formas más puras aun es objeto de estudio.

En México la creatividad de éstas prendas elaboradas con exquisita y laboriosa técnica son poco valoradas. Pues una vez en el mercado, personas como Anastasia se enfrentan a regateos que deprecian estos productos artesanales. Contribuyendo a un proceso de extinción cultural entre los otomís-ñatho del valle de Toluca y los otomí-ñajñu de la region de Temoaya. Cabe mencionar que no se sabe de planes de apoyo o desarrollo para su conservación y fomento de la misma.

Cada ves son menos las mujeres otomíes que usan fajas-bäti como distintivo propio. Jeans y ropa casual algunas de procedencia asiática están cambiando la forma de vestir entre las mujeres de los pueblos originarios, Para mujeres como Anastasia su lengua y pasado es todo lo que les queda.


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