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Tlacuache

Tlacuache

Ilustracion con permiso de José Luis Franco Lozada. Artista veracruzano.

 

El Tlacuache derivado del náhuatl tlacuatzin (tla, fuego; cua, mordisquear, comer; y tzin, chico “el pequeño que come fuego”) comúnmente conocido como zarigüeya. El cual es un nombre de origen portugués. Su denominación científica es Didelphis virginiana esta es una de las ocho especies de mamíferos marsupiales que habitan en México. El tlacuache es un animal de hábitos nocturnos. Puede recorrer de 1.6 hasta 2.4 km en una sola noche en busca de alimento; no es agresivo o territorial, pero amenazado es capaz de defender su hábitat. En situaciones de combate o defensa pueden emitir silbidos, gruñidos o chillidos, pero generalmente, emplean una táctica llamada tanatosis, la cual consiste en quedarse inerte y expeler un olor muy desagradable, con el fin de simular estar muertos. Es omnívoro, lo que quiere decir que come frutas y semillas, retoños de plantas, insectos, pequeños vertebrados y carroña; es una especie considerada oportunista, por lo que se le puede encontrar merodeando en busca de comida cerca de los botes de basura.

Dentro de la mitología Nahua este se le considera un animal sagrado. Recordemos que Quetzalcoatl se convirtió en Tlacuache para bajar al inframundo y rescatar los huesos de su padre para crear el mundo. Se le atribuyen ciertas actitudes humanas basadas en su comportamiento de defensa. Como un animal tramposo, con cierto humor juguetón y al mismo tiempo muy inteligente. Muy similar al cuervo dentro de la mitología del las tribus del norte de América.

 

Version Popular

La narración popular cuenta qué un día lejano el fuego se desprendió de una gran estrella y así cayo y cayo hasta caer en la tierra. Su presencia un gran incendio provoco. Cuando el humo fue observado por los gigantes de la montaña se acercaron y contemplaron su resplandor y sintieron su calor. El incendio se estaba sofocando así lo resguardaron y no lo dejaron extinguirse. Notaron que aquel fuego estaba hambriento por el viaje y necesitaba materia para vivir. Entre los antiguos gigantes organizaron grupos para alimentarlo. Unos Cortaron árboles, plantas, otros cazaron animales y otros colectaban todo lo que estaba su alcance para apaciguar el hambre del fuego. Celosos de su tesoro uno de los grupos se nombraron guerreros y si protegerlo. El grupo fue encabezado por un gran jaguar que devoraria a los hombres que intentaban robarlo. El tlacuache observaba de lejos con interés. Y una noche decidió acercarse al campamento de los antiguos y poco a poco se aproximo a la hoguera, diciendo que su camino había sido largo estaba cansado y que tenía frio. Cuando los gigantes dormían. El tlacuache con su cola tomó una brasa de la hogera la y salió corriendo con el fuego sostenido en su cola. Al llegar al pueblo más cercano le regaló a los hombres aquella braza con la que empezaron un fuego nuevo. Se dice que desde entonces los tlacuaches andan con la cola sin pelo. Pues se les quemo cuando robaron aquella brasa del fuego.

Cabe mencionar esta es una interpretación moderna y una de tantas versiones relacionadas con el mito del Tlacuache. En esta leyenda los gigantes podrian estar relacionados con los Balcabes seres de la creación maya. Las primeras representaciones de estos provienen del período tolteca. Tambien pueden ser encontrados en la cultura otomi donde estos son los cuatro personajes que sostienen el cielo.

Version traducida del Nahuatl

En el principio existieron dos niños que eran ni más ni menos el Sol y la Luna.

Una viejita que pescaba en el río con ayate los vió y al recogerlos murmuró: “Ahora ya tengo a mis hijos”

Los niños crecieron muy traviesos, y llegó un buen día en que le preguntaron a la viejita por sus padres:

¿En dónde están nuestros papás? ¡Queremos conocerlos! La viejita les contestó: “El padre de ustedes no está aquí, vive en el monte”.

Y entonces aprovechó para preguntarles si querían llevarle algo de comer, y así lo podrían conocer. Ellos le contestaron: “Sí, vamos a ir, porque realmente lo queremos conocer”. Y la ancianita preparó la comida. Y les indicó a qué lugar la llevarían. Y entonces fueron a llevarla. Pero por más que buscaron, no encontraron a su padre, sino a un venado.

“Este venado no puede ser nuestro padre”

Inmediatamente sacrificaron al venado porque tenían mucha hambre. Pidiéndole perdón, lo cargaron llevándolo hacia un gran cerro donde sabían que había una hechicera que custodiaba el fuego de todo el mundo.

Cuando lo niños llegaron donde estaba la hechicera, le pidieron fuego para cocinar una barbacoa de venado. Pero la mujer no quiso darles nada, porque pensaba que iban a quemar el monte.

Entonces los niños, que eran el Sol y la Luna, le pidieron al Tlacuache que él fuera con la hechicera … a conseguir el fuego que el Sol y la Luna tanto anhelaban.

Y el Tlacuache se metió al rio, y de inmediato, todavía mojado, se presentó con la hechicera. Humildemente, titiritando, le dijo: “Madrecita: tengo frío. Hazme un lugarcito junto a tu lumbre para calentarme.” Y la hechicera le creyó. el Tlacuache aprovechó un descuido y metió la cola en la lumbre…

Así obtuvo el fuego para que el Sol y la Luna pudieran hornear el venado y comérselo en barbacoa.

Desde entonces el Tlacuache no tiene pelos en la punta de su cola.

 

Cleofas Ramírez Celestino Recopilación, primera traducción, transcripción José Antonio Flores Farfán Coordinación, edición, versión textos náhuatl y español

Fuente:

Comisión Nacional de los Derechos Humanos